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Dos matronas, tambien llorosas, desarrollaban otro lienzo, cuya rotulacion decia:

«Suceso que no puede referirse sin lágrimas, no porque haya de llorarse'ála que pasó á mejor vida; mas ¿porqué hemos de dolernos inconsolablemente, porque dejamos de tener tal reina? ¿Por qué corazon tan duro? ¿Qué entrañas, cortadas 'le un peñasco, alimentadas con leche de hircanas y de tigres, podrán oir sin lágrimas el inopinado tránsito de la reina doña Margarita?«

En otro que desplegaban un grupo de virtudes, se leia:

«Fué reina de las voluntades por sus grandes virtudes.

El natural admirable, el ánimo piadoso, la condicion apacible, el ingenio vivo, liberal y generosa la mano; en la intencion benigna y en las resoluciones prudente; increible el celo de la religion, raro el amor á los pobres, estima del sacerdocio, grande «I fervor del espiritu, adornado con el don de lágrimas, con el cual hizo propicio á Dios con sus reinos, que en sus dias gozaron de suma felicidad.«

Otro rótulo, que sostenian tambien grupos de querubines, ponia lo siguiente:

«Vuela, ¡oh alma felicisimal entra en la posesion del reino de la vida, y desde el trono que sin temores gozas, mira por los reinos que dejas'te.«

Sobre una de las gradas del catafalco habia una estátua de la muerte, cubierta con un negro manto, con la segur en la mano, indicando descargar un golpe sobre la figura de la reina, que coronada estaba á sus pies, y en un targeton que habia debajo, decia:

«Cortó en medio del curso de su vida esta flor el Criador, trasladándola al jardin de la bienaventuranza.«

Habia otro grupo con varias figuras armadas con casco y lanzas llorando, y en la rotulacion se leia:

«Lloró el reino por haber á un mismo tiempo faltado en la muerte de una sola todas las virtudes.«

Delante de una encumbrada pirámide estaba la estátua de la reina sobre nubes, y dos ándeles estendian una cinta en que se leia:

«Tu fé y tus obras te tienen junta con Cristo;el espacio breve de tu vida se compensara con la eternidad.«

Rodeaban al túmulo real multitud de hachas amarillas, y el pavimento cubierto de paños negros; en la puerta principal habia un trasparente con los blasones de Flan- des y de otros Estados, y en medio la figura de la reina vestida de blanco, entregándola una matrona que representaba la España, otra que simbolizaba las virtudes, y por debajo se leia:

«Dios ha premiado tus virtudes adornándote con la hermosa estola de su gloria, colocándote en el coro de sus reinas escogidas. Faltaste á este aire comun, aumentóse el amor de tus- vasallos, y mientras dure en tu posteridad la monarquia de España, que ha de esceder los siglos, será dulce y eterna tu memoria; vivirás en los corazones y en los lábios de los hombres: ¡oh tú, qué reinas en los cielos con Cristo!«

Fueron las visperas y nocturnos el dia 17 de noviembre con asistencia de la córte y de los tribunales, oficiando la capilla música del rey, y al siguiente dia se celebraron las tres misas de pontifical que se acostumbran en las honras de los reyes.

La primera misa fué del Espiritu Santo, con ornamento encarnado, que celebró el cardenal Borj'i; la segunda misa fué votiva de la Virgen, que ofició con ornamento blanco el cardenal nuncio de España: ambas misas fueron solemnisimas á grande orquesta, con gloria y credo, descubierto el retablo, como en las fiestas de primera clase, y la tercera fué de requiem, con temo negro, que celebró el cardenal arzobispo de Toledo, cubierto el retablo. Despues subió al púlpito el padre Gerónimo de Florencia, de la Compañia de Jesús, predicador de S. M. y orador famoso, quien pronunció la oracion fúnebre. Luego se entonaron los responsos, que ofició el primero el obispo capellan mayor del rey, el segundo el cardenal Borja, el tercero el cardenal nuncio, el cuartoel arzobispo de Sevilla y el último el de Toledo. Felipe III asistió á todo desde'la tribuna real con trage de _luto. Las exequias fueron suntuosisimas, y la concurrencia numerosa y brillante. . . .

El rey, en la tarde de las honras, antes de trastadarse 4

su real alcázar, fué al convento de Santa Isabel á recibir el pésame de las religiosas y á visitar á la venerable madre Jesús Maria Ana de San José, ofreciéndoles llevar adelante la obra del nuevo monasterio. En efecto, mandó desocupar el edificio del Real Tesoro y prepararlo en forma deconvento, mientras se iba fabricando el nuevo. El dia 4 de febrero de 1612, cuatro meses despues de la rnueríe de la reina, fueron á Santa Isabel por las religiosas la condesa de Lemos, 1a duquesa de Peñaranda, la condesa de Paredes, el duque de Lerma, el de Peñaranda, el patriarca de las Indias y el corregidor de la villa, y llegaron á las cinco á la casa del Tesoro. Vinieron la madre Jesús Maria Ana de San José, Sor Francisca de San Ambrosio, Catalina de la Encarnacion, Aldonza del Santisimo Sacramento é Isabel de la Cruz. Las que hallaron en el convento de Santa Isabel, alli quedaron. El rey las envió un mensaje, y al siguiente dia las vino á visitar por la mina (1), alegrándose mucho de verlas, pues recordaba el aprecio que las tenia la augusta reina su esposa.

Por ser tan corto el número de las religiosas, fué la venerable madre trayéndolas de otros monasterios, eligiendo las mas célebres en santidad de vida. En 23 de marzo llegaren Sor Isabel de los Angeles y Ana de San Miguel, del convento de la Encarnacion de Valladolid, y del de Medina del Campo Sor Maria Isabel de San Agustin. Recibieron el velo en Madrid en el monasterio de la calle del Tesoro, Sor Inés da la Asuncion, Micaela del Espiritu Santo, Magdalena de Cristo, Maria de Jesús, Beatriz de Santa Mónica, Luisa de las Llagas, Josefa de San Gabriel, Maria Bautista, Mariana de la Santisima Trinidad y Antonia de San José.

A pesar de la estrechez de esta casa, se celebraban los oficios divinos con gran solemnidad, concurriendo á muchas fiestas la capilla del rey, asistiendo el mismo monarca á la mayor parle de ellas, esmerándose en magnificencia y lujo cuando profesó la jóven condesa de Miranda, cuyos votos prestó á presencia del rey, en manos del ratriarca de las Indias, limosnero y capellan mayor

(i) Aún existe el arco casi cubierto en la bajada desde las cocinas al Campo del Moro, frente á la plaza de Oriente. de S. M., D. Diego de Guzman, dándole el velo al siguiente dia, que fué el 26 de marzo, el cardenal D. Bernardo de Sandóval y Rojas. Censurábase la frecuencia con que el rey visitaba el monasterio, y aun se atribuyó á la priora de esta casa una influencia en los negocios de la córte, que nunca tuvo, divulgándose más de una vez su destierro, y aun se proyectó ganar á los facultativos para que le confeccionase un veneno, y aun añaden que se descubrió esta perversidad en un pedazo de piedra vezal que la propinaron.

Cuatro años y cinco meses estuvieron las religiosas en la calle del Tesoro; en este tiempo se puso en perfeccion el edificio dí\ nuevo monasterio con los cuantiosos fondos que suministraba el rey. Se designó para tomar posesion de él el dia 2 de julio de 16(6, propio de la festividad del Misterio de la Visitacion de Nuestra Señora; el dia 22 de julio anterior consagró el altar mayor D Fray Alejo de Meneses, de la órden de San Agustin, arzobispo de Braga (en Portugal), colocando en el espresado altar una reliquia de Santa Margarita. Asistió el rey, el principe y princesa y los infantes, las damas de honor, titulos y señores de la córte: ofició la música de la real capilla: duró tres horas la solemnidad del acto. Mandó el arzobispo de Toledo, de órden del rey, que se guardase como fiesta de precepto el sábado á 2 de julio, solo por aquel año, porque la traslacion fuese mas solemne.

Hizose un palenque desde la casa del Tesoro al monasterio para defensa de la gente de los coches. El espacio no era grande; mas recogióse el adorno de manera que hizo una vista agradable: colgóse de una y otra parte la tapiceria de SS. MM., los preciosos lienzos que representan la toma de Túnez, la Apocalipsis, el Rey Ciro, la historia de José, el juicio de Salomon, el triunfo sacramental, y otros pasajes sagrados y mitológicos. Adornáronse tambien seis altares: del primero se encargó el duque de Lerma, colocándose en él alhajas preciosísimas. A los lados del pórtico competian en lujo otros dos altares: uno pertenecia á la condesa de Valencia, el otro al duque de Peñaranda, esmerándose en el ornato y grandeza. A los dos lados de la iglesia ocupó uno otro altar, que en nombre del rey compuso su guarda-joyas, conforme á la grandeza y devocion del monarca. Al otro lado el conTMito de San Felipe el Real, y condesa de Barajas, pusierun en su altar una imágen de San Agustin, muy adornada de joyas, y una estátua de la reina, que respondia bien del parecido, arrodillada, entregando las llaves del monasterio al santo: en estos seis altares compitió la riqueza con el gusto y la elegancia.

AqueLa tarde envió el rey á la priora, con su guardajoyas, un rico pálio de color blanco, todo de brocado de oro, el cual todavia conservan las religiosas. Una imágen de Nuestra Señora, titulada de Monteagudo, colocada sobre un tabernáculo de ébano, labrado con gran primor, en cuyo pedestal y cornisa estaban esparcidos muchos óvalos de cristal con singulares reliquias: envióles también la Serma. infanta doña Isabel, desde Flandes, un relicario, hechura de pirámide, guarnecido de oro ypiedrus, y dentro una canilla con su pie, de la inclita Sa'nta Margarita, con su correspondiente auténtica: es pieza maravillosa (porque aún existe). Colgáronse en un patio grande que habia en la casa del Tesoro las ricas tapicerias de la historia de Sanson y de Telémaco: en él erigió un altar el patriaica D. Diego de Guzman, de magnifico adorno.

A las dos de la tarde vinieron los capellanes de S. M. y sacaron el Santisimo Sacramento de la casa del Tesoro, y le pasaron al altar del patriarca, donde estuvo descubierto con profusion de luces, en una custodia de cristal y oro de gran precio.

A las seis de la tarde vino Felipe III con los Sermos. infantes y losjefes y clases de palacio, por la mina ya mencionada: á esta hora se formó la procesion, que fué general, saliendo de esta manera:

Abria la procesion la guardia tudesca; seguian los niños acogidos de la real casa del Hospicio; despues los del colegio de Nuestra Señora del Amor de Dios (Desamparados); luego los del de San Ildefonso (Doctrinos), vestido? con sus túnicas pardas; á estos seguian los clérigos, menores de la casa del Espiritu Santo; los Hospitalarios de San Juan de Dios, los Mercenarios Descalzos de Santa Bárbara, los Trinitarios Descalzos, los Carmelitas del convento de San Hermenegildo, los Minimos de San Francisco de Paula, los PP. de la Compañia de Jesus del Colegio Imperial, los Carmelitas Calzados, y los Mercenarios, los Trinitarios Calzados, los Hospitalarios de San Juan de Dios, los Agustinos Recoletos, los PP. Capuchinos de San Antonio del Prado, los Franciscanos Descai

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