Imatges de pàgina
PDF
EPUB

hospitalaria padecia agudas dolencias, y de sus resultas estaba acometida de un accidente mortal. El jóven levita, luego que abrió el saco y hubo socorrido á los indigentes, sanó prodigiosamente á Cirila y se apartó de su morada, despidiéndose de todos para ir al martirio. Apenas apareció la luz del dia, ya se notaba obstruida de gentes la carrera desde.la cárcel Mamertina al templo profano de Marte, para presenciar el suplicio de Sisto II.' Lorenzo, que ya habia distribuido el resto de los tesoros que custodiaba entre los acogidos en la gruta Nepociana, bañado en lágrimas se arroja á los pies del pontifice, dándole cuenta de la distribucion de los tesoros que le habia depositado. Un agente del emperador, que oyó hablar al papa y á su diácono de tesoros, asegura al jóven español y le hace comparecer en los estrados del gobernador de Roma, quien abrigaba la idea de infinitos talentos de oro ocultos en las grutas de los cristianos. Pregúntale al jóven levita por los cálices'y turiferarios de oro, por los candelabros y las lámparas de plata, por los millones de sextercios y por las oblaciones cuantiosas de los cristianos, oculto todo, segun él, en desconocidos subterráneos. Pideselos en nombre del tesoro público, pónderale sus atenciones y su angustioso estado, la necesidad apremiante de pagar sus haberes á las legiones, y por último le echa en cara su codicia y habla espiritualizando la Iglesia.

Lorenzo le escucha y le hace ver que la Iglesia es mas , opulenta que el César, ante cuyo trono se aglomera el oro del mundo, y le ofrece presentar los tesoros porque le arguye: un término de tres días pide Loienzo al gobernador, quien se lo otorga lleno de avidez y de alegrla. En este breve plazo, el jóven levita fué discurriendo por las calles y plazas públicas y por los cuarteles de Roma, logrando reunir multitud de indigentes qne cubrian su desnudez con harapos; y cuando el gobernador creia apoderarse de infinitas riquezas, ve entrar por sus átrios aquella tropa de desdichados, capitaneada por Lorenzo; sin embargo, todavia cree que traerán ocultos los tesoros; baja con Lorenzo á su pórtico, y solo escucha lamentos y gemidos.

Aquel, y no otro, le manifestó el diácono, era el pingüe patrimonio de la Iglesia. Entonces el prefecto, que ve burlados sus deseos, manda que á Lorenzo lo estiendan sobre un caballete y le fracturen sus miembros. Desde «ste horrendo suplicio le hace conducir á la prision, donde el centurion Roman, trayendo una redoma con agua, le pide el bautismo, valiéndole al soldado el martirio. Al dia siguiente sacan los cuestionarios á Lorenzo de la cárcel, y arrancándole su túnica con fiereza, le estienden en unas parrillas sobre fuego lento, donde luego que le hubieron asado la mitad de su cuerpo, invitó ni tirano para que le mandase mudar de postura y se tostasen por igual sus carnes. Despues, con la sonrisa en sus lábios, mira al gobernador y compadece á Roma, y, elevando los ojos al cielo, espira tranquilo.

Roma entonces tenia en sus manos todos los cetros de la tierra; ante su quirinal toga se postraba el mundo; alli todas las naciones confundlan su lenguaje y perdian sus costumbres, su genio y sus hazañas. Empero la partida del mártir aligera los males de Roma ; la cabeza del orbe se bautiza y regenera á las demás naciones de la tierra. El Senado no adora ya los idolos de la Frigia, ni los penales de Troya, que, estrañados de su patria, encontraban asilo en los lugares de Roma. Júpiter cayó con el Capitolio, y delante dela tumba gloriosa de los principes de los apóstoles se quema ya incienso.

Dos hermanos piadosos recogieron los sagrados despojos de la hoguera, cargando sobre sus espaldas con el cadáver del mártir, sepultándolo en un cripto situado sobre la via Tiburtina, y de la pertenencia de Cirila. El jóven levita fué enterrado con la cabeza envuelta en un lienzo <jue le habia servido para enjugar los pies á los pobres «uando hizo la ceremonia de lañárselos. Al abrirse su sepulcro, antes de hacerse su traslacion á la antigua basilica edificada en este mismo sitio, se hallaron calcinados los huesos del mártir, en testimonio de su tormento prolongado.'

En este día del año 1746 fué aclamado por rey en Madrid D. Fernando VI, hijo de Felipe V y de su primera mujer doña Maria Luisa de Saboya.

Entrada del rey Francisco I de Francia en Guadalajara.

En este dia del año 1525, viniendo prisionero el rey de Francia Francisco I á Madrid, entró en ía ciudad de Guadalajara, en donde se levantaron arcos de ñores para recibirle, adornándose con tapicerias las casas mas prmci

l pales, á lo que se siguieron otras fiestas para darle honorifico hospedaje. Salió á recibirlo el ayuntamiento, el cabildo parroquial, los grandes y señores de titulo: venianle custodiando Hernando de Alarcon, marqués de la Vala Si ciliana, con una compañia de infanteria, cuyo capitan era Hernando de Figueroa, hijo de Hernando Deliran deGuzman, natural de Guadalajara, que se halló en la batalla donde el francés fué vencido, y Gregorio de Lezcano, su alférez, natural tambien de la misma ciudad.

Venia igualmente custodiando al rey Gome/. Suarez de Figueroa, hermano del capitan Hernando, uno de los mas insignes ciudadanos de Guadalajara, capitan de caballos en Lombardia, embajador en Génova y lugar-teniente del césar Cárlos 1 en la milicia italiana. Despues del recibimiento solemnisimo que le hizo la ciudad al rey prisionero, el duque del Infantado, D. Diego Mendoza, que á la sazon estaba enfermo de gota y tan impedido que apenas podia movérsele, se vió privado de salir de su palacio á obsequiar al rey, como los demás nobles; pero envió at conde de Saldaña, su hijo, para que le representase, acompañado de sus hermanos y primos á caballo con escelentes galas en sus personas y lucidas libreas en pages y lacayos : era tan numerosa la comitiva de la casa del Infantado, que habiéndose juntado todos en el Mamparo, ermita ó santuario fuera del arrabal, puestos en órden. para venir con el rey, las primeras trompetas y atabales llegaban al palacio del duque y los últimos estaban junto á la ermita. Toda esta lucida cabalgata y la de la ciudad llegaron al alcázar de S. E., el cual, no obstante el mal estado de su salud, se hizo conducir en una silla de manos hasta el patio, hablando sentado con Francisco I: el duque tenia las manos estraordinariamente hinchadas, por io que un page tuvo que quitarle el chambergo de plumas al dirigir la palabra al rey, que de pie le escuchaba con agrado.

Aposentóse el rey en el salón suntuoso llamado de los linajes, el cual,con las demás cuadras,, estaba con tanto adorno de ricas colgaduras, que admiraba á todos: los techos asemejaban á una ascua de oro, y el lujo de la familia y criados era sorprendente.

Don Luis Zapata en su Garios Famoso describe la elegancia y gusto de esta galeria, con todos los que en ella estaban retratados; y por ser cosa curiosisima en estremo, Tamos á poner aqui las octavas con que elogia esta fiestaDice, pues, en el canto 25, refiriendo la jornada del monarca prisionero:

De alli llego á Valencia, y recibido
Fué de la ciudad insigne y clara;
Cien mil ojos ú un tiempo, el rey venido
Traia siempre colgando de su cara:
Pero recibimiento nunca oido
Fué el que al rey se ordenó en Guadalajara
Por el duque don Diego y su compaña,
Duque del Infantado en nuestra España.

Se apeó el rey, y entró en la real morada
Del duque, que por algo estardoliente
Con la otra su compaña señalada
No habia salido á él personalmente:
Con gran cortesia el rey, muy cosa usada
Suya, trató áun señor tanescelente,
Y el duque aunque fin prision el rey venia,
Con el respeto al rey que á un rey devia.

Pasando á reposar á su aposento,
Ante él con multitud de luz de pajes,
Vió la hermosa sala en su ornato,
Que la llaman hoy dia de los Linajes:
Su guardia quedó atrás, y aunque contento,
Cansado de ver tantos personajes,
Tantos triunfales arcos de aquel dia,
En su cámara, al fin, se recogia.

Pues retirada ya afuera la gente,
De la ciudad que el duque allí acaudilla,
Con el rey y los suyos solamente
Quedándose el buen conde de Tendilla,
El que del Real Consejo presidente
Despues siendo, hinchó muy bien la silla,
Que el marqués de Mondéjar despues era,
Cuando le hirió el moro en la cadera.

El rey le preguntó (que en todo cuanto
Habia del duque visto y contemplado ,
No lo tenia junto á todo en tanto

Que la sala por donde habia pasado),
Si se avia á dicha hecho por encanto,
Porque en tal edificio y tan ornado,
Aunque mucho anduvo hasta aquel dia
En su vida visto otra tal no avia.

¿Qué escudos de armas eran los pintados
Que en lo alto alrededor .por todo avia?
Señor, él respondió, nuestros passados,
En quien muy gran virtud resplandecia
De todos los linajes señalados
De España, y de los que aun despues avria ,
Para á sus descendientes mover tanto,
Hicieron esta sala por encanto.

La cual de los Linajes es llamada, Porque en ella esculpidos estan todos Los de Espuna, aora sean de otra mesnada, O de la antigua sangre de los Godos. El rey dijo que cierto, si os agrada, De me mostrar virtud de tantos modos, Que yo huelgue de ver muy bien y atento, Mientras la cena viene, esse apossento.

El conde de si dijo, y qne en aquesto Y en lo mas servido él le serviria: Pues desembarazar mandando presto • La sala á la qne el rey salir queria, Con mucha luz de antorchas con que puesta La obscuridad nocturna en huyda avia, De unos á otros escudos discurriendo, Asi el conde ante el rey le iba diciendo:

Señor, en los que yo ir mostrando quiero, No creas que haré entre ellos diferencia, Ni de los escudos que primero Tratare, és que aya entre ellos preminencia: Sn España no hay órden: un rasero Igual con todos, es sin precedencia: Cada linaje y casa por sf estima, Que suya á tener mas seria la prima.

« AnteriorContinua »