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tunamente D. Fernando de Acevedo, presidente de Castilla, que aquel era el Templo de Jano, que se frecuentaba en tiempo de guerra: efectivamente, en aquel recinto santo se recogió el rey cuando la espulsion de los inoriscos del reino de Valencia y cuando las guerras de Flandes, cumpliéndose en este monarca las palabras del máximo San Gerónimo: Ezechias orabat, et Deus pro Ezechias militabat.

Por la noche llevaron á la venerable madre a la casa de la señora condesa de Miranda (1), donde cautivó el corazon de la señorita doña Aldonza de Zúñiga, hija única de la condesa, que deseaba tomar el velo en el monasterio de las señoras Descalzas Reales, mudando desde aquella noche de designio por optar por la vida religiosa en la Recoleccion de San Agustin. Al siguiente dia concurrieron SS. MM. y AA. al mencionado monasterio de las Descalzas, con motivo de la entrada en el claustro de una religiosa de alta clase, llevando a que lo presenciara á sor María Ana y sus dos compañeras, en donde quedaron aquella noche hospedadas nuestras recoletas. Al dia inmediato por la tarde fueron trasladadas al convento de Santa Isabel, donde dió principio en Madrid el instituto de las Recoletas bajo la direccion de Jesus María Ana de San José. El papa dió un breve al rey para que la religiosa que no se sintiese con fuerzas suficientes para seguir la institucion de las Recoletas, pasase á otro convento donde no hubiese tanto rigor en la disciplina: algunas así lo hicieron, pasando á diferentes monasterios de la órden. En esta casa vistió el velo la ilustre hija de la condesa el dia 25 de marzo, siendo su madrina la reina,

(1) Vivia junto al convento de Trinitarios Calzados, y estaba imposibilitada de andar, y sus criados la llevaban en un sillon de terciopelo y plata con ruedas: era señora muy amable y advertida y da una fortuna inmensa, y en su casa tenia un lujo oriental, siendo la que con mejores libreas se presentaba en la corte, y en los obsequios era esplendidísima; de modo que en las fiestas reales de toros que habia en la Plaza Mayor se hospedaba Felipe IV en su easa; y la distinguia tanto este monarca, que cuando la saludaba le echaba los brazos encima, bien que esta costumbre la tenia con las demás señoras de la grandeza.

y con tanto aparato y lucimiento, que seria muy prolijo el describir esta ceremonia magnífica, tomando nuestra religiosa: el nombre de Sor Aldonza del Santisimo Sacramento: de esta jóven nobilísima se podia hacer el mismo elocuente elogio que San Gerónimo hizo alabando la resolucion de Demetria, esclarecida matrona romana, por haber elegido el estado virginal, contristando á sus deudos y haciendo sufrir á Roma un estrago miserable. - Así la reina determinó dar principio á un nuevo monasterio cerca del alcázar, en una plaza que habia entre el colegio de doña María de Aragon y casas del marqués de Poza, inmediato a la antigua huerta de la Priora (1). Hízose luego la traza, y abiertas las zanjas de la iglesia. se señaló dia para poner la primera piedra en el dia 10 de junio de 1611. - En la parte del crucero donde habia de estar el altar mayor, se puso en el dia antes una cruz verde, conforme al ceremonial. Estaba el sitio cubierto de toldos grandes, y el suelo de ramos de juncias y espadaña. Fueron en este dia por la tarde los reyes é infantes en sus sillas de manos al colegio de Doña María de Aragon, donde fueron recibidos por los religiosos con cruz y pálio, pasando SS.-MM. y AA. RR. al presbiterio á hacer oracion, mientras que se revestia de pontifical el cardenal arzobispo de Toledo D. Bernardo de Rojas y Sandoval : en medio , delante de la cruz verde, habia un altar; la piedra estaba en un bufete de plata guarnecida de ramos y de flores; en medio un hueco de media vara de largo y tercia de ancho tenia dentro una lámina de metal con esta inscripcion:... . . " ,!, .

,, D. O. M. Bono auspicio perennet Annunciationis Deiparae virginis , haec aedes sacrata a Margarita regina piissima Philipi III catholici Hispaniarum regis uxore charissima eximia religione ab imo erecta, et magnificencia ditata monialibus Augustinianae recolectionis: anno a virgineo

*:'(1) Llamada así por haberla regalado el rey D. Fernando el Santo á la priora del convento de Santo Domingo.

partu MDCXL. SS. D. N. Pauli PP. V. Christi in terris vicarii pontificatus anno septimo. D. Bernardus de Rojas et Sandoval, S. R. E. cardinalis archiepiscopus iecit lapidem primarium.

La ponarémos en castellano: .

D. O. M. Dure para siempre este templo, dedicado a la nunciacion de la Virgen, madre de Dios, fundado desd, sus cimientos con suma religion por Margarita, piísima reina, ca rísima mujer de D. Felipe III, rey católico de las Españas, y dotada con gran magnificencia, para monjas de la Recoleccion de San Agustin. D. Bernardo de Rojas y Sandoval, cardenal de la Santa Romana Iglesia, arzobispo de Toledo, puso la primera piedra, en el año del parto virginal de mil seiscientos once, á diez de junio, y en sé. timo del pontificado del Santísimo Señor Nuestro Paulo, papa V, vicario de Cristo en la tierra.

- Pusieron tambien en el hueco un doblon de a ocho, de á cuatro, de á dos, y sencillo; otras tantas monedas de plata y todas las corrientes de vellon, labrado todo en la casa del ingenio de la moneda de Segovia. Con las monedas juntaron tres medallas de plata , una con el rostro del rey D. Felipe III; otra con el de la reina doña Margarita; otra con la de ambos juntos. · Salió la procesion del referido colegio en esta forma: iba delante la escolta de los arcabuceros reales con trabucos y birretes con plumas; detrás la cruz y los capellanes músicos, los niños de coro llevando los libros del cántico, los capellanes de S. M., los ministros del pontifical con el prelado, el rey con los grandes dignatarios de Palacio y demás clase de la etiqueta, cerrando la comitiva los guardias archeros. La reina y los infantes salieron á un balcon lujosamente adornado, que se colocó en el colegio mencionado. El rey se colocó en una silla y reclinatorio que habia á la derecha, y el prelado en un faldistorio, y en una tribuna portátil-la capilla de música. . Comenzó luego el cardenal el oficio con gran solemnidad, con todas las ceremonias' y bendiciones del ritual, respondiendo los músicos. A su tiempo tocó con la mano la piedra, y la entregó á cuatro maestros para que la ba

jasen, como lo hicieron, á lo profundo del cimiento del arco total de la parte del Evangelio, donde se asento; cubriéropla con cal y piedra, y se levantó el cimiento mientras el cardenal iba diciendo las oraciones, acabándose todo á un tiempo, el cubrirse el cimiento y echar el cardenal la última bendicion: fué un acto solemnísimo. S. M. volvió al colegio á buscar à la reina, regresando otra vez á palacio.

La reina, aunque visitaba con frecuencia a las religiosas en el convento de Santa Isabel, las quiso tener más proximas á su real alcázar, por lo que pidió al rey la real casa del Tesoro (1), la que S. M. le concedió al punto, para hospedar en ella á las religiosas. Entre tanto llegó el tiempo de la jornada del real sitio de San Lorenzo, á donde se trasladð la corte, donde la reina se sintió con síntomas de parto, dando á luz un infante, con cuyo fáusto motivo se llenó de regocijo el reino. Pero muy luego hubo un acontecimiento, terrible con haberse comprometido la salud de la augusta reina. Al punto que se divulgó la noticia, prineipiaron las rogativas en el monasterio de San Lorenzo y las iglesias de la corte sujetas al real patrimonio. Administró el pro-capellan mayor, con la misma solemnidad y gala que en el dia de Corpus, los Sacramentos á la reina, que estaba en una cama de brocado de seda y maderas de ébano con molduras y encages de plata, con planchas doradas, con los escudos de armas de España, Flandes, Cerdeña y las Dos Sicilias, debajo de un dosel tambien de brocado, que fué regalado por el conde de Mansfelt cuando los ēsponsales de SS. MM., quienes le hicieron conducir á este real sitio. Otorgó la reina su real testamento, encomendando en él al rey su esposo la construccion del convento de la Encarnacion; y el lunes á 6 de octubre, estando acompañándola el rey y su confesor, el P. Gerónimo de la Compañía de Jesús, y todos los facultativos de la cámara, dió S. M. dos boqueadas y murió tranquilamente, sin descomponérsele el semblante: tenia entonces la reina la edad de 26 años, 9 me ses y 8 dias.

(1) Que estaba en la calle de su nombre, y era una de las mejores de aquel sitio, donde está la plazuela de Oriente, la cual desapareció, como otras, en la invasion francesa.

Suceso qué refieren con ternura las historias. Fué sepultada despues de las reales exequias en el panteon de los soberanos. Si hubiésemos de describir aquí la suntuosidad de los funerales que celebró la corte, seria asunto de muchas páginas; es forzoso omitir, en gracia de la brevedad. Vengamos ahora á tratar de nuestras Agustinas Recoletas, que ayudaron á su gran señora con lágrimas y oraciones en todo el discurso de su enfermedad y muerte: sintieron, como era justo, y en particular la madre Jesus María Ana, que la amaba tiernamente, y comunmente á el amor correspondia el sentimiento, dolíase de carecer de tal reina y tal patrona, mayormen!e dejando las cosas tan en sus principios, que apenas se descubrian los cimientos. Luego que falleció la reina, mandó Felipe III al duque de Lerma que escribiese á la madre Jesus María Ana, asegurándole que se cumpliria la real voluntad de la reina, y que la obra del nuevo convento se continuaria con decision; porque si la real fundadora habia faltado, quedaba en el corazon del rey el amor mas vivo. A esta carta acompañaron otras de los testamentarios de la reina, que dieron las mismas seguridades.

El rey Felipe III regresó a Madrid, pasando al palacio del Buen Retiro, mientras se preparaba el catafalco en San Gerónimo para las honras fúnebres de la reina, cuya descripcion vamos a hacer ligeramente. Se enluió la iglesia con bayetas y glasés de oro, con multitud de cornucopias y ambleos amarillos, viéndose sobre los arcas de las capillas génios sosteniendo escudos de armas pertenecientes a la casa de Austria y de Castilla; en los machotes veíanse pintadas varias figuras alegóricas y trofeos de la muerte, tribunas y estrados para los convidados. En la nave principal se elevó un magnífico catafalco de gusto romano, con un targeton que desplegaban ángeles, en que se leia:

«Quebróse la perla y margarita preciosa. La esmeralda con su brillantez y verdor se ha deshecho.»

En otro rótulo, sostenido por dos lloronas, se leia:

«Quién á la rosa cuando va á brotar, antes que el boton se derrame en el bello azafate de sú rueda y se desplegue con toda la ambicion de las encendidas hojas, cortada inmaduradamente, la verá marchitar con ojos serenos?»

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